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SIMPLE PLAN

miércoles, junio 4

Just take my hand and know that I will never leave your side

Me gustaría escribirte algo largo, por todo el tiempo que te has quedado. Y eso que aún no te has ido del todo. Me gustaría divagar, y entenderme solo yo, porque al fin y al cabo soy la única que se ha quedado a entenderme en todo este tiempo.
Tú, que llegaste de la mano de aquel que me destrozó la autoestima en cuatro meses. Viniste con mentiras, e intenté esquivarte. Eso de la amistad, de hacer felices a los demás para ser felices. ¿Y si sólo te tengo a ti cada vez que me despierto por la mañana? Eres lo que yo llamaría peor que tener poco, ese pozo sin fondo del que nadie vino a sacarme. Eres de verdad todo el rencor, eres lo único que me quedaba y lo que menos quería. Eres el miedo en cada café a las siete. Ya no sé si eres culpa mía, si estás y piensas quedarte más. Si vas a irte, a volver. Eres los altibajos... Y realmente no os entiendo cuando confiáis, cuando perdonáis. El tiempo y tú me enseñasteis que nadie está para agarrarme en el preciso instante en el que caía. Que nadie ve tan adentro. Que nadie, absolutamente nadie, me conoce. Y lo siento, pero no les perdono. No me ayudaron a superarte, no me animaron a aprovecharte. No dijeron nada. Han mirado a mis ojos y solo han visto marrón. Me han visto derribarme incluso cuando nunca me derribo. Y he gritado por dentro, y por fuera. Y le llamé en silencio y a gritos. Desde el norte.  Y allí estabas tú, en el frío de Suecia y en las calles de Madrid. En los meses pasando, en las oportunidades que yo elegí desaprovechar. En las decisiones. Estabas por las noches, pero nunca en sueños. Estabas cada vez que veía una pequeña lucecita al final. Y me recordabas que todas las luces se apagan algún día, que nadie es tan bueno y nadie dice toda la verdad. Que nadie me merece.
Por eso cada vez que alguien me recuerda lo lleno que está el mundo de buenas personas, solo quiero irme a casa. Y no salir. Porque me asusta que todas esas buenas personas quieran portarse mal conmigo. ¿Por qué conmigo? Porque me fío más de la mala suerte que de los intentos y porque ya no sé por qué me gustaba el amarillo. Y porque exploto. Como todo tiene que explotar. Estabas ahí, recordándome cada palabra que debía chillar cuando ya no podía más. Estabas en cada mentira. Me ayudaste a desconfiar.
Ahora solo sé que soy feliz por mí. Porque te has instalado a largo plazo. Y sí, es complicado. Pero no, no os perdono. No os necesito. No intentéis venir. Y no, no os creo ni me alegro por vosotros. Solo sé que soy feliz por mí y por lo que yo busco. Sola.

A la soledad.

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