The hopeless place where we found love.

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SIMPLE PLAN

miércoles, diciembre 16

Chica corriente

Hace tiempo que se me ha olvidado acordarme de los días de la semana. De repente los números no son tan simbólicos, los domingos no pienso tanto y los jueves son distintos. Hace unos meses que no tengo clara la rutina, que no pienso demasiado en nada. Parece que el tiempo no pasa cuando siempre te ves igual, parece que la gente no cambia ni se mueve y que el día que les vuelvas a ver no parecerá que han pasado 3 meses. De pronto la noria lleva parada tanto tiempo que hasta nos hemos acostumbrado, tus canciones siempre suenan igual y las noches ya no me deparan nada nuevo. Lo de todos los años ya no es lo de este, y los niños pequeños ahora son mayores. Ahora yo planeo, yo decido, yo calculo y yo tengo que llamar. Ahora aquellos grupos son mis favoritos, Ed Sheeran desconecta y dejo los mensajes de alguien importante sin contestar. Parece que los problemas nunca culminan, sino que se extienden en el tiempo hasta que prácticamente aprendo a vivir con ellos. Y los días no son suficientes, pero las horas sobran. Yo tenía la piel de septiembre y ahora queda una semana para Navidad. Y no hay árbol y tú te sigues sin mudar o mudándote cada vez que voy. Apenas me acuerdo de la última noche que le vi, apenas me acuerdo de la última caricia que intentamos que nadie viera. Nunca he sido capaz de por una vez ser valiente, y ya no estoy a tiempo. Pero no me duele y eso quizás es lo peor. Que hoy es 16 y acabo de darme cuenta. Que ya no cuento veintiunos a la desesperada y que tenía miles de razones para tatuarme una flor pero me da pereza pensarlas.
De pronto lo importante es dormir bien, volver a leer, mantener el interés por el futuro e intentar que mi vida se ajuste a lo normal al máximo posible. Pedir perdón, hacer amigos e intentar ser graciosa sin hacer el ridículo. Ahora todas las medidas son necesarias, los números la base de todo en lo que se piensa... Ahora de repente quiero ser joven y lo soy, pero me parece que no me sale...
Yo no sé.

¿Hacia dónde caminan los besos inciertos?

Casi un año después todavía no se había despertado. No se atrevía a mirar atrás, no sin antes intentar dejarse claro, por una vez, donde estaba ahora. Y es que al final, ¿para qué sirve el pasado si no es para dejarlo atrás?
Ya no pienso en lo que pudo haber sido o en lo que era, porque si lo hago o me duele o me da igual y no sé qué es peor. En el fondo, la mayoría de las veces estamos exactamente como queremos, pero si lo admitiésemos seríamos mucho menos interesantes que los demás. Yo lo admito, no puedo quejarme. Me gusta volar y voy a probar eso de creer tan fuerte que puedo hacerlo que lo consiga. Me gusta olvidarlo todo un segundo e intentar que se prolongue meses. Y sé que las cosas no funcionan así, que aunque el problema esté sólo en tu cabeza y nadie más pueda verlo, existe. También sé que no hay mayor culpable que yo, porque realmente nadie me exigió que fuera perfecta de esta forma.
Ya no hablo de lo de siempre. Ya no hablo de lo que no hice y debería, de las veces que no me he arriesgado. Ahora me arriesgo, ahora me he arriesgado mucho. Y todo porque me convencieron o me convencí de que para ser feliz tengo que mirarme a un espejo. Dicen que tienes que gustarte a ti mismo, pero yo no creo que ni si quiera ese sea un buen consejo. Tienes que olvidarte de quien eres por fuera y dejarte llevar por dentro, que se te descoloque el corazón y no sepas muy bien qué canción suena en el lado izquierdo. Y que tu voz sea de tu color favorito, tu mirada una película larga o tus manos el invierno, pero sobre todo que sólo importe eso. Cómo te ríes y no tu cuerpo. No si te gustas tal y como eres por fuera, sino que te encantes tal y como eres por dentro. Yo sólo quiero que quede claro que quiero encantarme por dentro. Y que mi sueño es conseguir que sólo eso sea importante. Todavía no puedo admitir que me estoy haciendo daño, porque todavía creo que por muy mal que esté lo que hago, vale la pena y me ha costado esfuerzo.
Me ha costado un esfuerzo que algunos valoran. Y eso es lo malo. Que algunos lo valoran.
Escribo esto como una crítica a todo el mundo, porque sois exactamente iguales que yo. Y también para leerlo y recordarme que no tengo un problema pero sí tengo mucho que aprender.
Soy zen.

dos uno