The hopeless place where we found love.

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SIMPLE PLAN

miércoles, enero 22

demons

Aquella era su sala. Y solo su sala. Con entrada pero sin salida. Tan típico como una sala de paredes blancas, una cárcel tan llena y tan vacía. Como la vida misma. Como ella misma. Tan vacia que cualquiera podría llenarla. Y a la vez tan llena que cualquiera rebosaba con facilidad. Y se ahogaba mirando aquellas paredes blancas. Sin manchas, sin motivos para mancharse. Y aún así todavía no había descubierto si dormía boca abajo o boca arriba, o si los susurros y las caricias de ánimo podian ser de alguien que no fuese ella misma. Nunca le había gustado aquella habitación tan fría. Antes su táctica era ni pensar en el blanco del techo, simplemente dejaba pasar los días automotivandose a tener una razón para despertar y dormir sin altibajos. Luego empezaron los lemas y los números. Obsesiones escritas por todas partes que en el fondo seguían siendo simples despertadores cada mañana y alguna que otra nana para dormir. Lo tuvo todo entre sus manos, toda la arena de esa playa que había en su sala. Y solo su sala. Y dejó escapar toda la arena tan poco a poco que a veces seguía sintiéndola demasiado cerca. Y la soñaba de nuevo entre sus manos. Aquella sala era tan grande para estar allí sola y tan pequeña para recuperar la compañía. Te hizo rebosar pero sin él estas vacía. Y ya no sabe dónde buscar porque cada lunes se promete que es el ultimo en esta lluvia constante.  Que limpiara su sala de cualquier arena que ya dejó escapar. Y cada viernes solo desea que el próximo viernes sea un motivo. Y hasta le gusta algún domingo. Y hay pocas salvaciones peores que la salvación escusa que nos buscamos cuando sabemos que sólo nos quedamos nosotros mismos. Y alguno que otro que sabe ver en tus ojitos siempre tristes la tristeza de verdad. O alguna conversación el día de navidad. O simplemente buenas personas entre las mil malas que ya me acostumbre a encontrar. Y en esa sala no caben malas personas, pero tampoco buenas. No cabe nadie que nos descoloque, que nos rompa los esquemas. No cabe nadie rápido ni lento, nadie especial que nos haga cambiar. Solo estoy yo cada noche, preparando me para diez días duros, echando de menos aquello que pude tener siempre. En mi sala. Tan mía y solo mía que lo único que quiero es salir ya de aquí. Y a esta sala la llamaré: inconformismo.

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